18 de octubre de 2012

Acto 12 de Octubre

Discurso 
Mi familia paterna son descendientes de las antiguas comunidades aborígenes de nuestro territorio, desde chica escuché historias de mi re tara abuelo y el cacique tal o cual, a mi me parecían narraciones muy lejanas, claro, lo eran. Sin embargo lo que no me resultaba lejano era mi abuela Audelina, en realidad era mi bisabuela, ella llevaba América en la sangre. Cuando íbamo


s de vacaciones a Córdoba, donde ella vivía con su hija, es decir mi abuela, yo la veía hilar su lana, con el huso haciendo un trompito que iba creciendo, para terminar convertido en ovillo de lana de oveja, que luego teñía con colores de la tierra, de la siembra, del sol, en su telar de palo, que ella llamaba awanakuna en su lengua materna, el quichua santiagueño. También tenía su huerta de yuyitos, que curaban todo, las raspaduras de mi hermano, alguna que otra quemadura, los dolores de panza, las alergias y hasta el mal de amor, lo sé porque una vez descubrí que en secreto se lo daba a mi tía Rosita que estaba enamorada y no era correspondida…
Antes, cuando mi papá era chico, ser indio, aborigen o indígena era un problema, la cultura de ese momento hacía que el indio se sienta avergonzado de serlo y tanto así, que mis abuelas que hablaban quichua, a mi papá solo le hablaban en español, para que no aprenda "la quichua" (como ellas le llamaban) y no se le ocurriera repetirla en la escuela. A pesar de eso, alguna palabritas sabe.
Cuando mi papá fue grande y yo chiquita, él se involucró profundamente con la situación de los pueblos originarios, pueblos en los que se reconoce, se identifica y se funde culturalmente. En ese momento y de su mano, nos involucramos con la situación que atravesaban y siguen atravesando los pueblos originarios, no solo en la Argentina, sino en América toda. Comenzamos a trabajar en distintas organizaciones de apoyo a comunidades indígenas y comienzo a sí a relacionarme con otras personas y sobre todo con otros niños de misma edad que no solo descendían sino que eran indígenas.
A su vez, mientras eso pasaba, yo iba a la escuela. Allí me enseñaban que los indígenas eran unas personas con taparrabos y plumas, lejanos, inexistentes, nunca podía yo igualar aquella imagen que me mostraba la escuela con la que veía cuando íbamos con mi papá a alguna peña o recital de sikuris.
Lo que la escuela me mostraba no era la realidad que yo vivía, ni la realidad de los pueblos originarios, entonces me di cuenta de que para la escuela, los pueblos originarios no eran lejanos, eran, sencillamente invisibles.
Hoy nos encontramos en esta escuela, nuestra escuela, donde la wiphala está colgada en el patio siempre y no como parte de este acto, participando de talleres donde podemos apreciar la cultura ancestral de nuestros pueblos originarios, ustedes mismos investigaron, dibujaron wiphalas, hicieron artesanías, instrumentos musicales, tienen el hermoso privilegio de ser educados desde una mirada americana, nuestra, propia.
Hoy recordamos 520 años de invasión, y tenemos un trabajo que realizar, hacer oír las voces de nuestros pueblos, que a pesar de tantos años pasados, siguen siendo relegadas, excluidas y marginadas, por sucesivas políticas de estado pensadas para unos pocos.
Trabajar desde el respeto, hacer propia esa frasecita que dice "educar para la paz" porque desde el odio y el rencor no podemos construir. Esta deuda que adquirimos con nuestros pueblos, nosotros comenzamos a saldarla hoy, desde nuestros lugar, chiquitito, pero significativo al involucrarnos con esta muestra, al ofrecer en estos pequeños tallercitos nuestra cultura indígena, dando lugar a que muchos de nosotros nos reconozcamos en ella, y a que otros la conozcan, la identifiquen, la valoren y puedan seguir transmitiéndola, porque esta cultura no nos pertenece solo a los que somos o descendemos de pueblos originarios, nos pertenece a todos los americanos, sin importar de dónde fueron sus padres, abuelos, y bisabuelos, por el simple hecho de habitar América, esta América, nuestra América.
Y siguiendo por el camino personal como inició este discurso, quiero contarles que estoy feliz de que estar hoy acá, con ustedes, en este día, contándoles estas cosas, la escuela me hizo sentir distinta cuando era chica pero ahora me da el privilegiado lugar de ser parte. Eso significa que avanzamos, paso a paso.

Negra Silvina Ruiz

1 comentario:

Rocío y Ana dijo...

¡Felicidades por tu blog! Besos.

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